Entre noche y madrugada

Música por delante y por doquier,
caras que osan caminar
no se sienten miradas,
solo quieren divertirse;
se acercan caras conocidas.

Luego,
el taxi huele a doscientos
ebrios vomitando al unísono,

es una sinfonía aturdida por
música que arruina tímpanos
e inspira realidades relativas,

realidades de las que algunos luego
quizás se arrepienten, otros las aplauden
y algunos otros no las recuerdan.

Luego,
el ámbar hace su magia
destructiva en ojos resentidos,

esa cruel sinfonía ‒
no la de los ebrios, pero
la de los tímpanos ‒

regresa entre sueño
y vigilia, entre dolor
y esa promesa que nunca cumplimos:

Esta es la última vez