Somos solo nosotros

Hace un mes él te dejó;
triste ver que su visión le ocultó
lo que tenía frente a sus ojos.
Ya van treinta días y tus ojos
tampoco ven, nublados
por una constante catarata de
lágrimas que se empecina en hacerte
creer que merecés menos de lo que
realmente merecés.

La rutina te llevó a creer que
él era todo para vos, que él
era todo lo que necesitabas, pero la
desgracia te demostro, afortunadamente,
que estabas equivocada.

Cuando llorás, creés que quizás
fue tu culpa, que pudiste haber
hecho algo diferente, que no fuiste
suficiente, que no lo satisfaciste.
Esa es tu verdad, y tu verdad no puede
ser mentira a pesar de que
te equivoques. Tu verdad es tuya
y no te la quiero robar. Solo quiero
que entiendas que lo que pasó
ya terminó, y que es bueno que así sea.

Pero no te puedo negar—perdoname,
pero no puedo—que me alegra tu
desgracia; que en el fondo es todo lo
que yo añoraba. Verte mal no me alegra
—en serio—pero me hace creer
en que todavía tengo una chance.

No soy tu salvador, lejos de eso, no soy
tampoco tu príncipe azul, ni el hombre
de tus sueños; y qué bueno, porque ese
hombre no existe. Simplemente creo
profundamente en el amor, es así.

Y en el amor no hay príncipes ni princesas,
somos solo nosotros, que venimos fallados:
no nos gusta el café, nos ponemos de mal
humor cuando falla la conexión a internet,
a veces tenemos mal aliento, somos muy flacos,
o muy gordos, usamos anteojos porque no
vemos bien, somos vegetarianos, somos
religiosos, también nos gusta ver películas
malas aunque no lo admitimos.

Pero igual nos encontramos, nos queremos,
nos odiamos, y quizás algunos nos amamos;
conocemos todos nuestros defectos pero
igual nos aceptamos. Porque el amor no
se construye con virtudes, no se construye
con regalos, ni con caricias; no se construye
con promesas, ni con sexo, ni con cartas,
ni con besos, canciones, cenas, viajes—no.


El amor se construye con esfuerzo, cada día.